martes, 29 de diciembre de 2009

La vida que ellos vivieron

Finaliza el 2009 y es el momento en el que los dominicales repasan los hechos acaecidos a lo largo del año. El Magazine de El Mundo hace un balance de las diferentes personas que nos han dejado estos últimos meses y, conforme paso las páginas, descubro algunas que de una manera u otra me han acompañado en algún período de mi vida.

La portada la reservan a Michael Jackson, del que nunca olvidaré aquel fin de año que nos sorprendió a todos con el vídeo de Thriller. En su lugar yo hubiera colocado a mi admirado VICENTE FERRER. No había entrevista en la TV, radio o prensa escrita que no hiciera que me detuviese a escucharle con auténtica devoción. Su revolución silenciosa basada en el amor a los demás debería ser estudiada con detenimiento en los colegios, en estos momentos de guerras de crucifijos, alianzas de civilizaciones y de jóvenes acomodados que son capaces de suicidarse para asesinar a cientos de inocentes en nombre de su religión.

La importancia del "ni está ni se le espera" de Sabino Fernández Campos sólo la conocen nuestros padres, que por momentos temieron que los fantasmas del pasado arruinaran las ilusiones de vivir en una democracia.

¿Qué decir de José Luis López Vázquez? Yo era muy pequeño cuando emitieron la cabina, pero aquellos cuarenta minutos de angustia que sufrió este buen hombre dendro de la "gabina" de Telefónica hizo que la mayoría de los españolitos, niños y adultos, pusiéramos el pie para que no se cerrase la puerta del habitáculo cada vez que poníamos una conferencia. Imposible olvidar su magistral papel de padrino (a la altura del padrino de Brando) en La Gran Familia o de bancario en Atraco a las tres.

Otro que se fue, Antonio Vega, Ese Chico Triste y Solitario (Polygram, 1993), al que ya hace más de 15 años le hicieron su primer disco homenaje sus compañeros de profesión. Debo reconocer que con el paso de los años ha crecido mi admiración hacia él como letrista e intérprete. Sus canciones siguen tan vivas como antes y es rara la recopilación para el coche o para el hilo musical de STRASS que no incluye alguno de sus temas.

Curioso que me tenga que enterar de esta forma que el francés Albert Barillé fuera el productor y guionista de las series de dibujos animados Érase una vez... el hombre, el espacio, el cuerpo humano,... series que me acompañaron más de una tarde de sábado mientras merendilleaba mis galletas Mayuca de Reglero, de Don José Reglero, y le pongo el Don porque este zamorano fue uno de los culpables de que me criase tan sano y lustroso.

Otro culpable, Daniel Carasso, de origen griego y afincado en París, convirtió un pequeño negocio de "goyures" en una multinacional a la que pondría el nombre del apelativo familiar de su padre, Danon-e. En mi casa no comíamos yogures, tomábamos danones.

Y muchos más nos dejaron, como Francisco Ayala al que, parafraseando a Sofía Mazagatos, "me encanta como escribe, no he leído nada de él, pero le sigo"; Oscar G. Mayer, el de las salchichas; Karl Malden, el secundario de lujo con la nariz porreta, que se parecía a una vecina de la calle Martín Cansado; el economista Samuelson; Mondadori, el de los libros;... y, como no recordar a Andrés Montes, ¡cómo le vamos a echar de menos en el próximo mundial de baloncesto! Qué tiempos aquellos de las madrugadas de los viernes, con Daimiel, en aquel plató oscuro, retransmitiendo los partidos de la NBA o sus equivocaciones en los partidos de fútbol de la Sexta haciendo que olvidásemos el fallo de Salinas en el Mundial de 1994 o la época junto a García y aquellos partidos a pie de pista con los Fernando Martín (sin duda, junto a Pau, el más grande, del que se han cumplido 20 años de su muerte), Epi, Iturriaga, Corbalán,...

Lo normal en estos casos sería terminar con un "descansen en paz", pero me gusta más el "¡porque la vida puede ser maravillosa!".


lunes, 30 de noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

My City of Ruins

Estoy aquí escribiendo, cuando tendría que estar en El Corte Inglés comprándole un regalo a mi amigo Rafa, pero es que ¡tennnngo unos huevos!, y no porque lo diga yo, es que me gusta que me pille el toro siempre.

Mientras me duchaba, hace unos minutos, en Cadena Dial estaban Alejandro Sanz y Alicia Keys martilleándonos con su canción, como si no hubiéramos tenido sufiente la semana pasada, que raro era el día que no te levantabas con el soniquete del "oh oh oh, oh oh oh" de la bella Keys.

"Ya sabes la canción que vas a tener todo el día metida en la cabeza", exclamó mi también bella Manu.

Pues no, mira por donde que he salido de la ducha cantando, con una voz potente y desgarrada, My City of Ruins, además, en la versión en directo de ese sesentón que es ya nuestro Springsteen.

Yako me miraba como diciendo termina ya de planchar y deja de decir tonterías, que me tienes que sacar a dar una vueltita por el parque. Y yo, erre que erre, con el "come on rise up, come on rise up" y porque no tenía un saxo a mano, de lo contrario ríete de Clarence Clemons.

En fin, que van a dar las 11:00 y yo tendría que estar en el parque, terminando mi paseo perruno para ir a El Corte Inglés a por el regalo y sigo aquí, pero es que ¡tennnngo unos huevos!

Como para mis amigas, las celulas malas que tengo (o tenía hasta el jueves) alojadas en la punta de mi nariz, ¡sí!, en mis propias narices y yo dejando pasar el tiempo, como si por eso, si tienes "algo malo", te fuera a desaparecer por aburrimiento o por arte de magia.

Este verano estuvieron conmigo tomando el sol en Cádiz, viendo la colección de invierno en Madrid, de peregrinas hasta Sarria (a unos 100 km. de Santiago), en el trabajo, de copas,..., no se separaron de mí ni un solo instante y yo sin darme cuenta o sin querer darme cuenta, que es peor.

Hasta este martes, que con acento argentino me dijeron a la cara que lo que llevaba desde hace meses alojado en mi nariz era un "carcinoma...", ¡toma ya!, y sin anestesia, y mientras todavía no había digerido la palabra carcinoma, el dermatólogo seguía con "...basocelular, un tipo de cáncer..." (¡toma ya otra vez!) "... de piel pero que tiene buen pronóstico".

Menos mal que tiene buen pronóstico. Así que este jueves me pusieron la nariz como la de Miliki y el jueves que viene me la volverán a poner como un pepino, todo sea para que mis "amigas" desalojen mi nariz y me dejen tranquilo.

Quizá todo hubiera sido más sencillo si antes del verano hubiera ido al galeno, pero es que yo soy así, me gusta que me pille el toro, y es que ¡tennnngo unos huevos!

P.D.: me voy a comprar el regalo que ya llevo 15 minutos de retraso sobre el horario previsto.

martes, 20 de octubre de 2009

Ratatatatatatatatatata.............triiiiiiiiiiiiiiiiiple!

Montes, Daimiel, Jordan, Stockton,...


Montes, Itu, 'Lagarto' De la Cruz, Rudy, Pau,...


¡Qué huevos tienes Felipe!



¡Vaya piedra!

sábado, 17 de octubre de 2009

Poyakes

Hacía tiempo que no sufría un poyake, hasta hoy sábado, que he quedado con mi amigo Antonio Pi para colgarle un par de baldas en el salón, poca cosa, como dijo él.

En realidad, la chapuza consistía en un par de agujeros en la pared por balda, es decir, cuatro en total, eso sí, a nivel y midiendo bien las distancias, no sea que luego quede mal y todo el mundo sepa que fui yo el que perpetró semejante chapuza.

Allí me presento, con mi taladro/berbiquí (me gusta más llamarlo berbiquí, me recuerda a la carpintería de mi padre), varias brocas, el nivel, el metro, un lápiz, varios destornilladores y las gafas protectoras de estos ojos améndoa que tiene uno, lo que viene a ser un kit básico para el trabajo requerido.

No había transcurrido un minuto desde que traspasé la puerta de mi amigo Pi, cuando éste me confesó que en realidad tenía otro trabajo para mí, tarea que me había ocultado el par de veces que habíamos hablado por teléfono: tenía que colgarle un espejo en el dormitorio.

Quiero aclarar que el espejo iba a la pared, no al techo, que siempre los hay que piensan muy rápido. Un espejo de cuerpo entero sobre un tablero de aglomerado de 19 mm, con un peso más que respetable. Este era el Poyake (como el McGuffin de las pelis de Hitchcock): "Kike, po-ya-ke estás aquí, tengo otro trabajito para ti".

En fin, que lo que iba a ser un trabajo de unos diez minutos se convirtió en casi una reforma de más de una hora, porque, entre otras cosas, yo no llevaba tornillos ni alcayatas y cuando Pi abrió su caja de herramientas, la imagen fue aterradora: una llave de tubo (?), un par de tornillos raros, una bolsita de chinchetas de colores, otra cajita con más chinchetas de colores y, eso sí, una señora cinta métrica de ¡5 metros!.

Así que tuvimos que ir a la Ferretería El Candado a gastarnos 15 céntimos es 6 tornillos de madera para poner los soportes del espejo.

Después de una hora, la reforma quedó bien, al gusto del cliente y, como suele pasar cuando el chapuzas termina la obra, terminamos tomándonos una cervecita cruzcampo en la cocina, porque de cobrar el desplazamiento o los materiales mejor no hablamos.

sábado, 3 de octubre de 2009

"Si la cosa funciona"


Mi amigo Tauro me preguntaba el jueves que ¿a quién le interesa una película de Woody Allen? Pues a mí, ¿pasa algo?.

He de reconocer que películas como "Vicky Cristina Barcelona" y algunas otras de su última etapa (salvo "Match Point") han sido una decepción, pero ¿acaso la mitad de las películas de Almodóvar merecen la pena? ¿Y las de Trueba? ¿Y las películas españolas en general? ¿Y las americanas? ¿Y las que estaban "echando" ayer en el cine?

Me gustó, ¿pasa algo?. Me recordó buenos de momentos de La Rosa Púrpura del Cairo, de Hannah y sus Hermanas, de Manhattan, de Annie Hall, de Sueños de un Seductor, de Delitos y Faldas,..., en definitiva, parece que el guión lo escribió hace años y ahora lo ha adaptado a la realidad actual.



Temas como la existencia de Dios, la sociedad americana, los judíos, el hipocondríaco con ataques de pánico, Nueva York, las relaciones personales,..., sólo eché en falta la figura del psicoanalista.

Pasé un rato entretenido y cuando decides molestarte en ir al cine lo mínimo que pides es evadirte de la rutina diaria y entretenerte con las historias que te van a contar en la pantalla. También busco que me cuenten algo, porque para ver coreografías de chakichanes o el culo de Pataki (esa gran actriz española, junto a Kira Miró y Aitana Sánchez Gijón) no me molesto en salir de casa y dejarme más de 20 euros entre entradas y kebabses.

En definitiva, que si la cosa funciona mejor no tocarla y disfrutarla mientras dure, porque nada es eterno y todos sabemos que un PC funciona bien hasta que sucumbes a la tentación de intalarle un nuevo software o hasta que el informático (o el técnico de microsoft) te hace una apaño (parche) para que deje de darte errores.

Moraleja: disfruta todo lo que puedas cuando la cosa te vaya bien y aprovecha los momentos que te ofrece la vida, cuando el azar pone en tu camino situaciones que sólo en sueños te verías en ellas.


martes, 22 de septiembre de 2009

El oro no estaba en Moscú... ¡estaba en Polonia!

Pues sí, en Polonia, como no se cansó de decir Andrés Montes en la SEXTA durante estas dos semanas que ha durado el Eurobasket.

Después de una primera semana en la que parecía que lo imposible, como era la eliminación de España en la primera fase, podía producirse en cualquier momento, la reacción del equipo después del partido ante Turquía nos llevó a disfrutar de nuevo con esta selección que en los últimos años lo ha ganado todo (por momentos, hasta pudo ganar a los americanos en Pekín).

Y el mejor, Pau. Menudo partidos finales, después de un verano sin entrenar, con un dedo roto y sin descanso después de ganar el anillo de la NBA con los Lakers.

La única pena fue la ausencia de Calderón, nuestro extremeño, que en más de un momento echamos de menos.





jueves, 17 de septiembre de 2009

"Pétalo de sal" (Leonor Waitling & Fito Paéz & Marlango)

Furioso pétalo de sal
La misma calle, el mismo bar
Nada te importa en la ciudad si nadie espera.
Ella se vuelve carmesí,
No se si es Baires o Madrid
Nada te importa en la ciudad si nadie espera.
Y no es tan trágico mi amor,
Es este sueño, es este sol
Que ayer pareció tan extraño,
O al menos tus labios.

Yo te entiendo bien,
Es como habalrle a la pared
Y tú podrías darme fe...

Furioso pétalo de sal
La misma calle, el mismo bar
Nada te importa en la ciudad si nadie espera.
Y no es tan trágico mi amor,
Es este sueño, es este sol
Que ayer pareció tan extraño,
O al menos tus labios

Yo te entiendo bien,
Es como habalrle a la pared
Y te imagino dando vueltas en el vecindario

Algo tienen estos años, que me hacen poner así
Y decirte que te extraño
Y voy a verte feliz.



Me gusta!

miércoles, 16 de septiembre de 2009

DO U WANT TO MEET?

Beyonce: ¡Cómeme!

Las casi 3 horas del concierto de Bruce Springsteen en Sevilla fueron inolvidables. Tuve que esperar 40 años para saber qué era realmente un concierto y para cumplir uno de mis sueños: ver al Boss en directo.

¿Que qué tiene que ver el Bruce con Beyonce Knowles? Pues nada, pero es una facilidad que tiene uno para relacionar cosas irrelacionables. Bueno, quizá sí tengan algo en común: mi amigo Tauro (de nuevo voy a omitir su nombre, no sea que se enfade).

Pues sí, mi amigo Tauro (el nombre está cogido al azar y no hace alusión ni a su fecha de nacimiento ni al tema astifino, todo sea dicho) es seguidor incondicional tanto de Bruce como de Beyonce, últimamente más de ella, seguramente por la respetable edad que calza.

Ayer me invitó a ver el partido del Madrid (cuando digo Madrid, me refiero, por supuesto, al Real Madrid, no otros equipos de la capital, como el Rayo, Getafe, Atlético Parla, Atlético Pinto o Atlético de Madrid) contra el equipo suizo, donde Raúl volvió a marcar como sólo él sabe hacerlo. Me tenía preparado el sillón frente a las 42 pulgadas de lcd, la cervecita fresquita de barril y una sorpresa.

Así que ahí estaba yo, sentado en el sofá, con la cerveza en la diestra y tapándome los ojos con la siniestra, siguiendo sus instrucciones, mientras llegaba la sorpresa: Beyonce balanceando las caderas al ritmo de la versión inglesa del "Paco, Paco, Paco, Pacopaco,..."

El muy zorro me utilizó, por mi conocida admiración por Beyonsí, para darle al ojo sin pestañear viendo los movimientos de la diosa, cosa que quedó clara por la facilidad para encontrar sus vídeos y por el conocimiento minucioso que tenía de cada uno de ellos.

Yo, con esa flema británica que me caracteriza, le dije que apartara ese cáliz de mí y que pusiera de nuevo el partido, que había venido a ver al Madrid, no a la diva de ébano.

No bien había pitado el final del primer tiempo el árbitro, cuando mi amigo Tauro, con una destreza asombrosa, cambiaba de nuevo a los vídeos de la deidad negra, visionando esta vez el de su canción "If I were a boy".

- ¡Atento, atento!, exclamó presa de un ataque de ansiedad incontrolado.

- Mira lo que ME dice ahora: "¡cómeme!, "cómeme"!, insistía mi amigo en un estado entre ansiedad y subidón de hormomas, impropio de un padre de familia cuarentón.

- Me dice "¡cómeme!", repetía emocionado, casi entrando en éxtasis, a punto de levitar sobre el sofá y ante la mirada incrédula de su señora, mi señora, su hija heredera y la de un servidor, que intentaba sin éxito distraer su atención, que recogiese las órbitas de sus ojos golosones y que dejase de protagonizar tan bochornoso espectáculo.

Y con esta escena vivida cierro el círculo entre Bruce y Beyoncé. Si algo se llevó claro Springsteen de Sevilla, además del calor que hizo esa noche, fue el escaso nivel de inglés de los que asistimos al concierto, entre los que me incluyo, aunque un servidor se había preparado los estribillos y los momentos en los que cantaba el título de la canción. Y entre los que también incluyo a mi amigo Tauro, que llevaba las últimas noches soñando con la carita angelical de la diosa felina susurrándole "¡cómeme!", "cómeme!", cuando en realidad, la buena mujer, lo que estaba diciendo era commitment, que suena parecido, pero que significa compromiso, no "que me comas toa enterita", como soñaba ingenuamente nuestro Peter Griffin extremeño.

En fin, que después de tanto rollo y para que no le quede mal sabor de boca, como homenaje ahí va el vídeo de Beyonce Knowles diciendo "¡cómeme!, ¡cómeme!" y el de los U2 cuando nos decían "te traigo pasta, huevón!":







Aclaración: una vez más quiero dejar claro que mi supuesta admiración por Beyoncé no deja de ser una broma que se ha prolongado en el tiempo y que tuvo su origen en los primeros tiempos de la serie "Aquí no hay quien viva" y, más concretamente, en los sueños de un seductor del padre del portero de la serie. Dicho queda.

martes, 1 de septiembre de 2009

"Kike ¿A ti e tuta Ludovico Einaudi?"

Llevo toda la vida escuchando que las personas mayores se van volviendo niños. ¡Qué gran verdad y qué lástima al mismo tiempo!. Lástima porque vas viendo que tus amigos se van haciendo mayores y empiezan a chochear. A unos les da por una cosa y a otros por otra.

Cuando emitían la serie "V" por TVE, hace titantos años, mi hermana Geli nos martirizaba a mi hermano Miguel y a mi preguntándonos cada pocos minutos si nos gustaba la serie: "Míe, ¿a ti e tuta V?" o "Kike, ¿a ti e tuta uve?". Daba igual si la contestación era positiva o negativa, porque minutos más tardes te miraba y volvía a decir: "Míe, ¿a ti e tuta V?" o "Kike, ¿a ti e tuta uve?".

Y así pasábamos la tarde del sábado, viendo los lagartos de la serie y escuchando el soniquete de mi hermana.

Pues algo parecido le está pasando a mi amigo TAURO (voy a mantener el anonimato, no sea que le siente mal). Hace unos meses estábamos en su casa y de pronto cogió el portátil (una vulgar PC compatible) y me buscó en el "yutube" a un tal Ludovico Einaudi. "Seguro que no has escuchado en tu vida nada me igual", me dijo mirándome con ojos golosones y asintiendo con la cabeza.

Pues no, no había escuchado nada igual, supongo que le dije, pero hay que entender que un sábado, después de ver un partido del Madrid, de cenar, de tomar unas cervecitas y con un brugal con cola y un poquito de limón exprimido, lo que menos te apetece es escuchar a Ludovico Einaudi, digo yo.

Pues bien, el fin de semana siguiente (o el posterior, no recuerdo), de nuevo la misma escena: saca la vulgar PC compatible y me vuelve a preguntar: "Kike, ¿conoces a Ludovico Einaudi?", y sin tiempo a digerir la pregunta, ya le había dado al play y comenzaban a escucharse las primeras notas del compositor italiano.

De nuevo asentía con la cabeza mientras sus ojos golosones se clavaban en los míos, creando una atmósfera con una carga erótica tal que para sí quisiera el propio Julio Médem.

Desde entonces han sido varias las ocasiones en las que el bueno de Ludovico ha aparecido en medio de nuestras reuniones, ya fueran en casa, en el campo o en la playa. Cuando estás más tranquilo, ¡zas!, los ojos golosones, el movimiento vertical de la cabeza y la pregunta: "Kike, ¿conoces a Ludovico Einaudi?.

Y cada vez que oigo el nombre del italiano se me viene a la cabeza el soniquete de mi hermana, cuando los sábados por la tarde nos interrogaba a mi hermano y a mí, sin importarle el signo de nuestra respuesta.

Pues para que nadie se quede sin conocer la música de Ludovico, aquí dejo un vídeo con imágenes de la admirada Kate Winslet.


lunes, 31 de agosto de 2009

Síndrome postvacacional

Estaba en casita agotando los últimos minutos con el aire acondicionado antes de salir al infierno que es Badajoz a las cuatro de la tarde, cuando aparece en pantalla una psicóloga explicando los síntomas del síndrome postvacacional y cómo combatirlo. Es decir, lo de todos los años por estas fechas: que si llegas al trabajo con mala cara, que si te irritas con facilidad, que si bla, bla, bla,...

Pues yo no me he dado cuenta de si he tenido ese síndrome o no, lo que sí he notado que esta noche pasada no he podido pegar ojo. ¡Qué horror! No se movía ni una brizna de aire, nada de nada. Por un momento pensé en acompañar a Yako en el suelo, directamente, sin saco ni aislante.

¡Qué mal se pasa cuando no puedes dormir! Así que hoy, desde el jefe hasta el último mono, todos tenemos una carita y una soñera que ríete de Bill Murray y de Scarlett en Tokyo.

Por cierto, este viernes estrenan una película de la Johansson (también sale el gran Ben Affleck, que hace de Ben Affleck) y mi hemana Geli ya me ha preguntado si sabía si en esta película Scarlett tenía trabajo, porque hay una leyenda que dice que siempre hace papeles de gente ociosa como en Lost in Translation, en Match Point, en Vicky Cristina Barcelona, en The Prestige,..., pero es falso, hermana mía, en La joven de la perla, en Ghost World, en Scoop, en The Nanny Diaries,..., sí trabaja, tampoco para deslomarse, pero tiene trabajo. Ya veremos qué hace en "Qué le pasa a los hombres".


lunes, 24 de agosto de 2009

El Camino (III): Personajes

Me fui solo al Camino, finalmente los que podían haberme acompañado, por diversos motivos, se echaron atrás (la última, Isa).

Alguien comentó que si eres extrovertido no te sentirás solo en el Camino. Yo me sentí solo el primer día, pero era una soledad buscada, no pasa nada por querer romper con la rutina diaria y pasar tiempo solo, no por eso eres un bicho raro.

Pero pronto conocí a los cuatro valencianos (Ana, Eva, Borja y Sebas) con los que realicé el recorrido hasta Sarria y de los que me despedí en Portomarín. Fue una suerte, porque me parecieron muy buena gente y siempre estuvieron muy pendientes de mi. Hubo muy buen rollo entre los cinco y es una de las mejores cosas que me he traído del Camino.

Aunque parezca increíble, me hice entender algo con Sophie. Ella, ni papa de español. Yo, limitadísimo con el inglés hablado. El resultado, esfuerzo por ambas partes para entender lo que el otro le quería contar.

Todo lo contrario que la irlandesa Tracy, que acumulaba muchos más kilómetros que nosotros y que parecía fresca como si acabase de empezar el recorrido. Tracy se expresaba muy bien en castellano.

¿Y qué decir del coreano que se recorría 60 kilómetros al día corriendo? Tipos raros estos orientales. La cantidad de fotos que nos hizo mientras nos tomábamos unas cervecitas sentados en el suelo las horas previas al incidente con el segurata.

¿Y el valenciano pesado? Si los otros cuatro eran gente agradable y simpática, apareció otro de la Comunitat Valenciana pesadísimo, cuyo único tema era la política: que si la Rita Barberá, que si los trajes del Camps, que si patatín, que si patatán. Como buen pesado de la política, tenía que ser de izquierdas, como la mayoría que se creen todavía las mentiras de su líder, al que escuchan con devoción subidos al guindo.

En fin, hubo un momento que al escuchar la palabra extremeño se me acercó y se sentó a mi izquierda. Yo vi como Sebas se apartó y me dejó solo ante el peligro. Por momentos pensé ¿qué he hecho yo para merecer esto? o ¿por qué mis padres me dieron esta educación que me impide ser grosero ante semejante pesao? Que si Valencia necesita un Ibarra, que si él se ha leído la biografía de Ibarra,..., debería haberle dicho: mira, chaval, que soy peregrino, pero no quiero ganarme la Compostela por aguantarte a ti y tus tonterías. Así que me levanté y me fui alejando poquito a poco, gracias también al capote que me echó Eva, momento que aproveché para huir y buscar a la hospitalera.

Otro personaje peculiar, el italiano que se sentó en nuestra mesa en Sarria mientras disfrutábamos de nuestra pinta de Estrella Galicia. Era una mezcla entre mi tío Antonio y Giovanni Ranna, el de la pasta fresca. Nos contó que era su segundo Camino completo, el primero en solitario y entendía de todo: del buen vino español al buen vino toscano, del mejor jamón ibérico del mundo (el extremeño) a la mejor paella (la valenciana), de los tipos de pasta (con buen grano duro), y por hablar hasta se fijó en los pies de Sebas, extremidades que le gustaron mucho (?) y que dijo que eran muy buenos para caminar por esos caminos, como los suyos, huesudos y alargados.

Curioso también el caso del peregrino gitano, que tanto juego nos dio. Partiendo de la base de que ninguno éramos racistas (¡je,je,je!), a todos nos chocaba ver a un peregrino de raza calé, tan chocante como ver a un gitano de delantero del Madrid o compitiendo en la final de los 3000 obstáculos con Marta Domínguez (¡Viva Marta!). ¡El bicho!, se hizo peregrino para buscar la mochila más aparente y dar el palo. Pero no tuvo suerte, un hospitalero le reconoció y llamó a la Guardia Civil que se lo llevó preso ante la mirada curiosa del resto de peregrinos.

En los albergues dejas la mochila junto a tu cama, te fías del resto de peregrinos, no piensas que te vayan a quitar algo, aunque por precaución siempre es conveniente llevar la cartera y las cosas de valor encima, sea en la ducha o en el servicio, porque, aunque yo no soy racista, siempre puede aparecer un gitano cuando menos te lo esperas.

También tuve el placer de conocer a la simpática pareja de Murcia (Jesús y Mª Hosé), a la pareja vasca con sus camisetas de media maratón de no sé donde que nos llevaron con la lengua fuera hasta el Alto do Poio, al señor del bigote que roncaba a pulmón libre, a los dos chavales de León con los que coincidí en O Cebreiro y, como no, al hospitalero de Castrojeriz, tipo curioso donde los haya, apenas levantaba del suelo 1,60, con su espesa barba blanca y sus piernas cortas, pero de pura fibra capaz de llevar un ritmo muy superior al nuestro (el doble, por lo menos) y que contaba alguien que vio como adelantaba andando a un ciclista en un subida. A nosotros nos pasó dos veces: la primera vez le llevábamos 20 kilómetros de ventaja y nos adelantó sin problemas; la segunda vez, salimos casi dos horas antes y nos volvió a adelantar.

Y alguno más que no recuerdo ahora. Tampoco me quiero olvidar de la chica malagueña con la que coincidí en la cola de Alsa en la estación de Lugo. Yo, de peregrino cojo. Ella, de peregrina renqueante. Era fácil comenzar la conversación, charla que ayudó a que se me pasara volando la hora que tuve que esperar hasta que saliera mi autobús, en la que yo le conté mis penas peregrinas y ella me contó como después de 400 kilómetros recorridos por el Camino del Norte (llevaba danzando desde el 21 de julio), un tirón en la pierna y el forzar para llegar al final de la etapa le obligó a abandonar el Camino y dejar lo que le restaba para más adelante. Le dejé La Voz de Galicia y me dio las gracias por ello y por mi ofrecimiento, en la cola de Alsa, que rechazó, de acercarla a Madrid (así se me haría el viaje más corto a mí también) y yo le di las gracias por su conversación (me quedó una frase muy de final de película, muy tipo Bogart, que para sí hubiera querido W. Allen en “Sueños de Seductor”, solo que él, nuestro Bogart, hubiera dicho: gracias a ti, muñeca, por tu conversación).

Yo no fui al Camino en busca de amigos para el Facebook, ni para encontrame a mí mismo, ni para ver si coincidía con Beyoncé o con Sienna Miller (y su frasco de Boss al modo de mochila), ni para saber qué es una sobrecarga muscular, ni para recuperar la fe, en realidad, no sé por qué fui, pero había algo que desde el año pasado me empujaba a hacerlo y debía hacerlo. Ahora creo, pese a no haber llegado a Santiago, saber qué era eso que buscaba: romper con la rutina de todo el año, vivir experiencias nuevas, no planificadas, conocer en pocos días más gente que la que conozco en un año en mi rutinaria vida de Jefe de Administración, echar de menos a las personas que quiero y acordarme de ellas en los momentos de soledad, y engancharme a un tipo de experiencia que te lleva a hacer con gusto marchas de al menos seis horas diarias, levantándote a las 5 de la mañana y acostándote a las 10 de la noche, en vacaciones, ¡en agosto!, para lo que sólo necesitas una mochila, un par de botas, mucha ilusión y un poco de suerte para no sufrir ampollas, tendinitis o sobrecargas musculares. ¡Volveré!

P.D.: La noche del pasado viernes sonó el móvil y era Sebas, que estaba con el resto de la tropa mediterránea tomando unas cervezas en Santiago y se acordaron de mí. La verdad es que me alegré mucho por ellos, porque pese a sus problemas de ampollas y rodillas consiguieron llegar. Y también me alegré mucho porque se acordaron de mí en ese momento y eso fue todo un detallazo que no olvidaré y que dice mucho de lo buena gente que son.

sábado, 22 de agosto de 2009

El Camino (II): sobrecarga muscular.

Sobre las 3:00 me despertó la chica de la pareja vasca (no sé sus nombres) para que me uniera al grupo, pues habían decidido comenzar ya la siguiente etapa, mejor andar que estar ahí tirados en el suelo sin poder dormir.

Dicho y hecho, sobre las tres y media de la madrugada partíamos en dirección al Alto do Poio. A oscuras, por carreteras, caminos, atravesando un bosque (con meigas), alguna que otra aldea, para finalizar con una pendiente durísima, pero, por suerte, bastante corta, en cuya cima se encontraba abierto un pequeño bar/hostal donde pudimos descansar y reponer fuerzas con donuts y aquarius (me "jinqué" dos donuts, un coca cao, dos aquarius y porque no había caldo gallego..., pues no había cenado).

Aproximadamente eran las 6:00 de la mañana y nos quedaban unos 12 kilómetros mucho más suaves para llegar a Triacastela. Lo que yo desconocía en ese momento es lo duro que se me iba a hacer los pronunciados descensos hasta el final de la etapa.

Nos despedimos de los vascos, pues ellos iban hasta Samos y marchaban a un ritmo más alto que el nuestro. Posteriormente sería Tracy, la irlandesa, la que nos abandonaría también, ya que su intención era hacer 40 kilómetros y llegar a Sarria. Y en Triacastela fue Sophie la que prosiguió su marcha, pues se encontraba bien físicamente.

No eran las diez de la mañana y nuestras mochilas estaban haciendo cola en la puerta del albergue de Triacastela, mientras nosotros nos echamos en el césped a la espera de que nos dejaran entrar.

A la una entramos, dejamos las mochilas, nos duchamos y nos fuimos en busca de nuestro Menú del Peregrino, esta vez yo pedí ensalada de pasta y sardinas, y de beber, vino con casera. Nos atendieron unas chicas súper simpáticas, de lo mejorcito hasta entonces, muy diferentes de los secos habitantes del Bierzo con los que habíamos tratados.

Y, después, la siesta, hasta casi las 8:00 de la tarde no me decidí a levantarme de mi cama. El dolor de mi tobillo derecho era ahora mucho más intenso y veía las estrellas cada vez que lo apoyaba en el suelo. Así que me vestí y me dirigí al pueblo en busca de la farmacia de guardia o del centro de salud. Pues ni una cosa ni otra, la farmacia estaba cerrada y el centro de salud también, por lo que tendría que esperar hasta el día siguiente para que me viera un médico.

Sin duda, la etapa de O Cebreiro, el no descansar y el fuerte ritmo que llevamos en la ascensión al Alto do Poio, me estaban pasando factura y el tobillo cada vez estaba más hinchado. Incluso pensé en compartir taxi hasta Sarria con una americana que estaba lesionada, pero una milagrosa pomada, Radio Salil, que llevaba Borja me alivió bastante el dolor, por lo que al día siguiente, a las 6:00 de la mañana ya estábamos en pie para hacer el recorrido por San Xil.

Me costó bastante llegar, pero lo hice, junto a Borja y a Sebas, llegamos a la oficina de turismo y de ahí, cojeando y casi sprintando, hasta el albergue de la Xunta, entrando nuestras mochilas dentro de las 40 primeras que daban acceso a una cama.

Ana y Eva hicieron el recorrido por Samos, más largo pero menos escarpado que el nuestro, aunque tardaron más en llegar y ya no tenían plaza en el albergue nuestro. Eso sí, tuvieron suerte porque una pareja de murcianos (Jesús y Mª José) que habíamos conocido en Triacastela tenían una reserva en un albergue privado y se la cedieron a ellas.

Ducha, comida y derechitos al Centro de Salud, donde el médico de Urgencias no lo dudó al ver mi tobillo: “reposo, reposo absoluto, ibuprofeno y gasas frías”. ¿Y la etapa de mañana? “Reposo absoluto ya, desde ya, ni pomadas ni nada, reposo”.

Así que nos dirigimos a la farmacia de guardia, cargamos con el botiquín y nos fuimos a reposar. Me tomé dos sobres casi seguidos de ibuprofeno 600 y me apliqué réflex en gel un par de veces antes de acostarme (acostado y a oscuras me equivoqué de bote y me apliqué betadine en gel en lugar del reflex, con lo que la lié parda, tiñendo de rojo las sábanas desechables que nos habían dado), pero al día siguiente, a las 6:00 de la mañana, tenía el tobillo como escayolado, sin poder flexionarlo, e inflamado como la pata de un elefante (o como el de las señoras mayores que retienen líquido).

Salté de la litera y el dolor era más intenso, así que decidí no continuar. Era mejor dejarlo en Sarria, a unos 100 kms de Santiago y retomar el Camino en cuanto tuviera oportunidad, desde allí el recorrido es más suave y en 4 ó 5 días estás en Santiago.

Eso sí, decidí antes de marcharme pasar las últimas horas en el albergue de Portomarín con mis compañeros de fatigas, para posteriormente regresar a Badajoz.

El regreso en autobús desde Lugo en busca de mi coche fue bastante emocionante, porque transitó por la nacional por donde iniciamos la etapa de Villafranca del Bierzo y me íba cruzando con peregrinos que estaban recorriendo el mismo itinerario que tres días antes habíamos hecho nosotros.

Volveré, no sé si solo otra vez o acompañado, no sé si este año o el próximo, pero si nada grave me lo impide estoy seguro que volveré y completaré los kilómetros que me faltan para llegar a Santiago, no descartando reservar una semanita al año para completar el Caminos completo desde Francia en varios años.

En definitiva, una corta pero muy bonita experiencia, que, entre otras muchas cosas, me ha permitido conocer el verdadero significado de la palabra MORRIÑA.

El Camino (I): Los valencianos

En un Centro Comercial de Ponferrada estuve a punto de comprar el libro El Camino, de Delibes, no porque tratase sobre el Camino de Santiago, sino porque vi que pesaba algunos gramos menos que el que llevaba en la mochila.

Al final lo dejé en la estantería e hice bien, pues en mis pocos días de peregrino no hubiera encontrado el momento de leerlo y es que si algo me ha quedado claro de esta experiencia es que, aunque vayas solo, no son necesarios ni iPods, ni libros, ni PSP’s,..., ya que lo verdaderamente bonito del Camino es la facilidad de conocer personas, de relacionarte con gente de todos los sitios, de todas las clases, de todas las edades.

Yo tuve la inmensa suerte de conocer en la etapa de Villanueva del Bierzo a O Cebreriro a Eva y Sebas, dos jóvenes valencianos con los que desayuné en Trabadelo, donde se nos unió Sophie, una inglesa de Southampton, y juntos los cuatro recorrimos el resto de esta etapa reina que nos llevó al primer pueblo de Galicia.

Fueron nueve horas de marcha, desde las 6:00 hasta las 15:00 horas, con cuatro paradas: desayuno (cola cao y cruasán), almuerzo (empanadilla y acuarius), inmersión de pies en la fuente de La Faba (¡que gustito!) y cañita de Estrella de Galicia, aquarius y frutos secos en A Lagúa de Castela, antes de afrontar los últimos 3 kilómetros de subida a O Cebreriro, donde se nos unieron dos valencianos más: Ana, con ampollas en sus pies y una zapatilla en chanclas, y Borja, con sus problemas en la rodilla.

Fue una etapa dura, pero llegamos con mucho esfuerzo y, aparentemente, sin excesivos problemas físicos. Yo me descolgué en el tramo final e hice los últimos metros hasta el albergue acompañado de una pareja de vascos y de un señor mayor con bigote que más tarde nos sorprendería con el poder de sus ronquidos.

En esto llegamos a la puerta del albergue y nos topamos con el letrerito de “completo/full”. De nada sirvió nuestros intentos de convencer a la hospitalera: o pasábamos la noche en el suelo bajo las estrellas o cogíamos a media tarde un autobús a Pedrafita y dormíamos en el polideportivo.

Decidimos echar los sacos (algunos sin esterilla, como yo) en un porche a las traseras del albergue, nos colamos en las duchas (nos pedían 3 euros por entrar a ducharnos) y una vez acicalados y oliendo a límpidos (nunca en mi vida había sudado tanto como ese día), nos dirigimos en busca del menú del peregrino diario. Ese día terminamos de comer tarde, lo que unido a las cervecitas que nos bebimos antes que comenzara a anochecer, hizo que me acostara sin cenar.

Lo único que me pedía el cuerpo era un buen colchón y unas horas de descanso. Así que me dirigí en busca de la hospitalera, armado únicamente con mi mejor cara de “niño bueno” y estos ojos azules (*) arrebatadores que tan buen resultado siempre me han dado.

- Hola, dije con voz lastimosa, esbozando una ligera sonrisa y mirándola a los ojos.
- Hola, dime, me contestó con marcado acento gallego.
- Pues mira, soy uno de los nueve que hemos llegado a las tres y nos hemos quedado sin plaza en el Albergue. Hemos echado los sacos al suelo, pero ya se está yendo el sol y comienza a hacer fresco, por lo que nos espera una noche muy larga. ¿No habría alguna posibilidad de ocupar una sala, como la cocina, que está sin utilizar? No molestaremos a nadie y a las 5 de la mañana nos marcharemos sin hacer ruido.

Ella esperó a que terminara, medio sonriendo y teniendo muy claro desde el principio lo que me iba a contestar:
- Yo lo siento mucho, pero no puedo hacer nada, las normas son las normas y ya no se echan colchonetas al suelo como se hacía hace años. Ahora sólo entran los peregrinos hasta completar todas las camas.
- Si yo te entiendo, pero hacer una pequeña excepción a la norma en este caso, para ti no supondría nada y para los nueve (más el señor roncador del bigote y el coreano de los 60 kms. corriendo al día) que estamos ahí fuera sería muy importante.
- Mira, yo no sé nada, ¿vale?, sólo te digo que yo me marcho a las 22:00 y si alguien os abre desde dentro, pues eso, tú me entiendes, ¿verdad?
- Te entiendo, te entiendo, le dije sonriendo, muchas gracias “por no querer saber nada”.
- Eso sí, a la una pasará el vigilante y ahí ya dependerá de vosotros si le convencéis o no.

Volví a manifestarle mi agradecimiento y me dirigí más contento que unas pascuas en busca del resto del grupo para comunicarles lo “acordado” con la hospitalera.

Así que recogimos nuestros sacos y mochilas y pasadas las diez asaltamos en silencio el albergue y nos acomodamos en el suelo de la cocina.

Sophie se puso sus tapones en los oídos y se giró hacia la pared, yo me quedé un rato despierto, sin coger el sueño, supongo que debido a las primeras molestias en el tobillo derecho y a la dureza del gres sobre el que estaba mi saco de dormir y, por tanto, mi serrano cuerpo.

De pronto se escucharon unos pasos, se abrió la puerta y alguien encendió la luz de la sala.

- ¿Qué hacéis vosotros aquí?, nos dijo con tono amenazante un joven vestido de segurata.

Ninguno reaccionó. El cansancio, el sueño y la sorpresa de ver a semejante personaje plantado en la entrada hizo que pasaran unos segundos hasta pudiera empezar a hablar.

- A ver como empiezo, dije para ganar tiempo, he hablado con la hospitarela...
- ¿Cómo se llama?, me interrumpió de malas maneras.
- Pues no lo sé, no le pregunté el nombre, sólo puedo decirte que era rubia.
- Mal empezamos, exclamó con tono bastante cortante. Y esa, ¿que hace que no se mueve?, dijo señalando a Sophie que dormía sin enterarse de lo que estaba ocurriendo.
- Ella tiene puesto tapones y no estará escuchando nada. El caso es que la hospitalera me dijo que se marchaba a las diez y que si alguien nos abría y nos metíamos dentro, que ella no sabía nada, que haría la vista gorda, que después dependería de ti que nos dejases pasar la noche a cubierto o tirados en el suelo. Que estaría en tu conciencia, le dije siempre desde el saco con la cabeza un poco incorporada y los ojos casi vencidos por el cansancio.
- Está bien, me lo pensaré, dijo el vigilante mientras apagaba la luz y cerraba la puerta.

Todos pensábamos que no volvería y pasaríamos el resto de la noche a cubierto, pero cual fue nuestra sorpresa cuando unos minutos más tarde apareció de nuevo el segurata y nos ordenó que en 5 minutos nos fuéramos a la calle.

El caso es que era la 1:00 de la madrugada y volvíamos a echar los sacos en el suelo e intentábamos acomodar nuestros cuerpos a las irregularidades del mismo. Lo único bueno, que no hacía frío.


(*) Para el que no me conozca, el tema de los ojos azules está escrito en tono irónico, que luego vienen los malos entendidos, que uno es muy sencillo y conoce sus limitaciones físicas en cuanto a belleza (las otras, me he dado cuenta ahora al ver mi tobillo maltrecho).


lunes, 10 de agosto de 2009

Julio en la TV

Pues eso, que acabo de llegar a casa, lunes, 3:21 horas a.m. y con unos brugales/cola en este hermoso cuerpo. ¿Qué tendrá la noche o el Brugal (o el Jamenson o el Mojito) que te dan esa facilidad de palabra? Ni idea, pero aquí estoy, frente a Mac, de vacaciones (merecidas o no), escribiendo en este blog que lo tenía un poco abandonado.

No sé ni qué escribir ni qué decir, el caso es que me he despedido de mi amigo Antonio hablando en italiano, con acento entre napolitano y calabrés, lo que no es moco de pavo para uno que apenas ha pasado unas horas en el aeropueto de Milán, hace un par de veranos, y del que se mofaron las empleadas de un puesto de bocadillos cuando pidió un bocata caliente, viendo como se reían entre ellas cuando una dijo algo parecido a "caliente, siempre mejor caliente" o algo parecido.

En fin, que yo debería estar acostado a estas horas, pero me da por escribir estas tonterías. No sé, creo que cada día uno está peor, pero es lo que hay.

Por cierto, ayer estaba viendo el informatico de la 1 y cuando hablaban de la muerte de Dani Jarque (el capitán del Español) apareció mi amigo Julio en la tele. Ahí, con su bata blanca y su porte de buen cardiólogo. La verdad es que no me enteré de lo que dijo, porque llamé a mi Santa para que viniera a verlo, pero seguro que fue algo interesante.

Lo que está claro es que dentro de tres días afrontaré la subida al puerto de Piedrafita, concretamente a O Cebreiro (7 kilómetros de subida, como un Tourmalet o un Alpe d'Huez para mí), ya en tierras gallegas y espero que mi corazón y mis ingles(*) aguanten, de lo contrario me veré obligado a pedir consejo al bueno de Julio o a llamar a Chuspe para que acuda con el helicóptero del 112 en mi auxilio.

Pues eso, que me voy a acostar que ya es hora y si mañana tengo tiempo y ganas contaré algo sobre mi "expedición" a la ruta xacobea que comenzaré este jueves y que me llevará, después de 200 kilómetros a patita, a darle un abrazo (no de pagafantas) al bueno de Santiago.


(*) El tema ingles es el más delicado de esta peligrosa aventura. El tener estas hermosas piernas tipo Koeman hacen que rocen por su cara interior, provocando una abrasión que puede dar al traste con la expedición. Espero que la preparación de los últimos meses y el ungüento comprado en el Mercadona a base de aloe vera den sus frutos.

jueves, 30 de julio de 2009

Acto Primero: Sevilla tiene "una caló" especial, Sevilla ya tiene su Jefe

...me sigue oliendo a "asaar", me gusta está con su gente (bis).

Hasta el martes 28 no supe exactamente por qué le llaman a Bruce Springsteen THE BOSS, El Jefe. Después de 2 horas y 50 minutos de concierto me quedó claro: él dijo que ponía la música, el espíritu, y nosotros, el ruido. Y dicho y hecho, no hubo más que hablar, ellos pusieron la música y una energía que nunca hasta entonces había visto en un concierto. Nosotros pusimos el ruido y nos entregamos ante una banda de sesentones que nos dejaron para el arrastre después de interpretar casi treinta canciones.

Pero empecemos por el principio. Martes, 28 de julio. Llegamos a Sevila, 15:30horas, 40-42ºC, a la sombrita. Calle Betis, primera parada y primera cerveza. Bodeguita de Antonio Romero, segunda parada y primeras lágrimas del día al jincarme el montadito de pringá. Tercera parada, Mesón de no sé qué, muy taurino, nueva tapita y nueva cervecita. Y así nos plantamos en el Starbucks junto a la Catedral. Frapucho caramelo desparramado en un sofá de la planta superior, cojiendo un poco de resuello para lo que se avecinaba después.

Avenida Torneo. Los neumáticos se derriten en la calzada. ¿Aparcamos aquí, que ya se ve el puente del Alamillo o seguimos y vemos como está el parking del Estadio? Gracias a Dios, seguimos en coche, porque de intentar llegar a pie seguramente a alguno nos da o un ataque de ansiedad o un golpe de caló.

Estadio Olímpico. 7:20 p.m. ¡Coño! Las camisetas a 30 leuros, mejor me lo pienso. Entramos, a grada, que no tenemos edad para pasar dos días haciendo cola y ser de los de la primera fila. Luego, cuando ves como disfrutaron éstos y como se portó Bruce con ellos, sí hubieran merecido esos dos días de cola para estar allí tan cerca de él.

Segundo contratiempo: la cañita de cerveza Cruzcampo a 3 euros, ¡qué le vamos a hacer!, pues a beber cruzcampo a precio de mojito, no quedaba más remedio, porque con la caló que hacía la Cruzcampo sabía a gloria, a teta de novicia (*).





(*) El autor se refiere al dulce "pecho de monja". Tómese la expresión en sentido metafórico.





jueves, 16 de julio de 2009

"Antes de dar la vuelta a la cinta...


... déjela pasar hasta el final".

¡Qué cosas! Ahora hablamos de miles de canciones, de toda una discografía entera en un pequeño iPod, y no hace tantos años (¿o sí?) apenas nos conformábamos con 10 ó 12 canciones en cada cassette.

Esta cinta es de las pocas que guardo como recuerdo, junto a una de U2, el Like a Virgin de Madonna, un par de The Police y el Thriller de Michael Jackson.




Uffffffff deseando estoy que llegue este momento en Sevilla, "Born to run", el tema que cambió la vida a Bruce y que seguramente es el que más he escuchado.


martes, 7 de julio de 2009

El Feisbus

Estaba zascandileando por el Feisbus, me da por abrir una galleta de la suerte y mira por donde me sale el mensaje: "respira tres veces y te sentirás mejor". ¡Esta gente del Feisbus como es! Ainsss!

El otro día me dio por hacer un test sobre qué personaje de series de los 80 era yo, pues estaba intrigado y hacía meses que no cabía en mí esperando que llegase ese momento. Pues me salió Mc Gyver, sí, Mc Gyver, igual que a mi hermano, que fue el primero que hizo el test. No sé, me quedé así así, pues que poco glamour, Mc Gyver, no sé, se me quedó el cuerpo como al del "Contigo no, bicho".

Todavía le estoy dando vueltas al tema Mc Guiver, como si en los 80 no hubiera o hubiese series con más encanto. Mc Guiver, ¡qué cosas!.

En fin, que esto del feisbus está muy bien porque puedes añadir amigos, todos los que quieras, sobre todo los amigos a los que nunca llamas ni nunca te llaman, vamos, los amigos esos que ya ni te acuerdas de ellos ni ellos de ti, pero que son tus amigos, digo yo.

También puedes escribir en "el muro" lo que estás haciendo o lo que estás pensando o compartir fotos con esos amigos a los que tanto les importas y que tanto te importan a ti, porque con los amigos de diario no necesitas el feisbus, porque como tienes contacto con ellos, sabes que si los necesitas están ahí (o al revés) y tienes su mail, pues eso, que mis amigos de diario son unos aburridos porque no pertenecen a La Comunidad.

¿Y lo de los test? ¿Qué me dices de los test? Mi hermana ha hecho uno muy interesante (que yo ya me he apuntado) y es sobre "qué mirlo blanco eres". También ha hecho otro sobre qué 5 cantantes te gustaría que asistieran a tu fiesta de cumpleaños, cosa que porque nunca te has parado a pensarlo, pero imagínate que me sale Bruce Springsteen o Beyoncé (bellonsí), pues sería la leche. Claro, que si me sale Michael Jackson (al llamaban como a mi perro, Jacko) y John Lenon pues como que vaya fiesta, con los dos finados de cuerpo presente.

Pues todo esto y mucho más es el Feisbus, porque yo tengo una invitación pendiente a una "norway adventure" y una solicitud para animar a un personaje y en cuanto tenga un ratillo, ¡zas!, me apunto a la aventura noruega y animo al personaje en cuestión.

Lo dicho, que el Feisbus es un gran invento, sobre todo para su creador, o si no que se lo pregunten al jefe de los James Bonds británicos, Sir John Sawers, cuya esposa se olvidó por un momento del empleo de su marido y emocionada con el Feisbus no se le ocurre otra cosa que colgar fotos de la familia con su marido el espía en gallumbos.

Y aunque no tiene nada que ver con el Feisbus, si viendo el siguiente vídeo esbozas una sonrisa o no puedes parar de reír, es seguro que vas teniendo una edad para empezar a cuidarte.


domingo, 5 de julio de 2009

"Tu gitana"

Así se llama la canción de Luar Na Lubre que todos conocemos de los spots de Galicia. Estos dos son los que más me gustan: el primero por las ganas que tengo de patearme el Camino y el segundo, por lo bien que está hecho, con las voz de Luis Tosar diciendo palabras gallegas.


Para gustos, los olores


"Boss Orange es la nueva fragancia femenina de Hugo Boss. Acaba de estrenarse y viene de la mano de la actriz Sienna Miller para pegar fuerte en este verano 2009.

Las manzanas dulces, las flores blancas y la vainilla son las notas predominantes de este perfume. Frutas, flores y un toque dulce, lo que lo hace ideal para el verano. Algo fresco, sensual, pero que no empalaga.

El target de clientes serán mujeres jóvenes y aventureras , con espíritu libre y desenfadado, que buscan un aroma dulce y sensual."

Pues eso, yo lo he olido y claro que me gusta, ¡es tan fresco y aventurero!. Ah! Y el frasquito en cuestión tiene un diseño de formas sinuosas en el que cada una de ellas simbolizan los siete chacras del cuerpo humano y la fragancia representa la energía que fluye en el organismo, que pretende representar a la mujer moderna. Todo muy bonito, pero el frasco no cierra bien y parece cosa de diseño.

En fin, que estaba yo pensando que por cuánto saldrá el frasco que sostiene Sienna en la foto, porque si los 50cl salen por 50 euros, el bote de a litro tiene que salir proporcionalmente más económico. Digo yo.

miércoles, 1 de julio de 2009

ALARM

Viejo, sordo, incontinente

(Elvira Lindo, El País, 21 de junio de 2009)

Mi perro es bastante viejo. Casi dieciséis años. Hace casi dieciséis años iba yo zascandileando por Chueca cuando vi en la jaulilla de una pajarería un yorkie diminuto, más parecido a un murciélago que a un perro. Lo compré. Yo no sabía mucho de perros hasta entonces. Ahora sé casi todo. Tras años de estrechísima convivencia (me ha seguido con admiración en todas mis actividades diarias, sin exclusión) casi me atrevo a decir que nadie me ha querido tanto como él. No hay cariño de un hombre que se ponga a la altura de semejante enamoramiento. Las visitas han sido testigos de la fascinación que el pequeño murciélago ha sentido siempre por mí. Me sentaba a comer y me miraba desde abajo como diciendo, "mírala, qué bien mastica". Me echaba la siesta y él se la echaba conmigo; debía de presentir el momento en que yo iba a abrir los ojos porque, cuando me despertaba, lo primero que encontraba eran los ojos negros bajo el flequillo perlado. Tampoco me quitaba ojo mientras escribía columnas, novelas, guiones, "no hay otra como ella -parecía pensar-, algún día, este país le dará el lugar que le corresponde: el Parnaso". Sé que hay lectores que considerarán pueril mi relato. Lo asumo. Si Hitchcock abominaba de rodajes con perros y niños, también hay lectores que en cuanto ven que un artículo se llena de animales, pasan la página. Que la pasen. Es una aspereza típicamente española. Ésa es una buena razón para hojear de vez en cuando la prensa internacional.

El otro día, en The Washington Post, venía un extracto conmovedor de Old Dogs, de Gene Wengarten y Michael S. Williamson, un ensayo sobre la experiencia de convivir con perros viejos. Uno de los autores recuerda con nitidez el día en que sintió que su perro comenzó a envejecer. Yo también lo tengo fechado: mi perro se hizo viejo el primer invierno que pasó en Nueva York. En otoño, la ciudad le volvió loco. En contraste con los educadísimos perros neoyorquinos, el mío, iba cruzándose de lado a lado de la acera, queriendo atrapar todos esos olores a mierda de las alcantarillas, a flores de los coreanos, a esas bolsas enormes de comida que tiran por la noche y en la que, si te fijas con atención, ves moverse a las ratas por debajo del plástico negro. Pero llegó el frío hiriente, ese que te quema la cara y te agarrota las manos, y el pobre empezó a andar de puntillas como un Chiquito de la Calzada a cuatro patas. Sucumbí ante eso que hasta hacía un año me parecía una bobada anglosajona: el abriguito. Y es que un perro de Chueca no estaba hecho para esos hielos. Tampoco para los calores agosteños. Recuerdo una mañana ardiente de verano, tras hacerle andar cinco kilómetros por la avenida Madison, que el pobre se me desparramó en el charco de agua que se forma bajo los quioscos de flores y ya no hubo manera de que anduviera. Me lo llevé a casa en brazos con la pelambre chorreando. Ay, esos mis primeros tiempos de soledad. Él provocaba que me saludaran los niños y las viejas. Alguna vez que nos ausentamos de la ciudad, vivió en casa del escultor Leiro y se convirtió en un personajillo querido y célebre entre los vecinos de aquella zona de Tribeca. Sí, yo presentía que se estaba haciendo viejo. Al principio fue un cambio sutil. De joven, había sido como ese chihuahua argentino del chiste que vive en Alemania y le dice a otro perro, "yo en mi país era un dóberman". Él siempre se había considerado un dóberman. Era mi perro de defensa, no es broma. En cuanto llegaba alguien a casa esos cinco kilos se enredaban entre las piernas de la visita, que se quedaba atónita, aturdida. Pero ese espíritu chulesco se fue aplacando; a esta nueva paz contribuyeron la ceguera y la sordera. Pero en vez de reaccionar con frustración y tristeza, como haría un ser humano, mi perro viejo fue optando por la tranquilidad de espíritu.

Ahora, no me cabe duda, es un sabio. En verano encuentra el rincón más fresco, en invierno el rayo de sol más sabroso; no tiene prisa por levantarse, si tú te levantas a las doce él se levanta a las doce, si tú te levantas a las ocho él se levanta también a las doce; ya no quiere alejarse más de cien metros de casa, cuando llega a la esquina, se da media vuelta y da por finalizado el paseo; prefiere dar paseíllos por el patio, como si fuera un jardinero experto, disfrutando del olor de cada hoja; y si se mea (lo que ocurre con cierta frecuencia) ya no corre a esconderse bajo el sofá con miedo a ser castigado. Cuando te ve acercarte con la fregona, te mira como diciendo, "tengo derecho a mearme, soy un viejo incontinente". Un amigo me dijo un día, "me encantan los perros, pero no los tengo porque su ciclo de vida es demasiado corto". Es cierto. Pero hay algo tan digno en su vejez, esa capacidad para convertir las limitaciones físicas en placidez contemplativa, que su actitud se convierte en una lección diaria. Cierto es que a veces echo de menos esa adoración sin límites que le hacía mover la cola sólo por el hecho de que yo le mirara. Hemos cambiado los papeles, ahora soy yo quien de vez en cuando se acerca a su cojín. Le miró esos ojos como canicas que miran sin ver y le digo, "cuánto te admiro". Y él ronronea, entiende mi admiración. Es un viejo con la autoestima por las nubes.


viernes, 26 de junio de 2009

Vicente Ferrer

Mejor que hable él, pues él consiguió en la vida lo que nunca conseguirán juntos los que dedican toda la suya a rezar por un dios o por otro.


Enfermedades silenciosas

Hay enfermedades silenciosas que están ahí, dentro de ti, haciéndote un daño que desconoces, hasta que explotas. Crisis de ansiedad, ataques de pánico, depresión,..., todo lo solucionan con una pastilla por la noche y otra por la mañana, el caso es estar drogado, a nadie le interesa saber cuál es el origen de la misma, por qué te sientes tan mal, por qué solo quieres estar dormido. Deja de importarte todo, sólo quieres que pase el tiempo.

Pones buena cara ante los demás, porque no está bien visto que estés enfermo, que tengas una enfermedad mental. Y los demás no saben cómo tratarte, unos desesperan con la situación, ven que a ellos también se les pasa el tiempo y no ven claro el futuro. Otros, simplemente, se quitan de en medio. Todo es negro, todo es oscuro, todo es desconocido.

La realidad es que hay algo que te hace daño y no sabemos que es. Ya puedes estar en la playa, en Granada, en Madrid, en Comillas, en París, en Londres, en Praga, en Galicia o en tu propia casa, nunca sabes cuando te dará la cara y te vendrás abajo de nuevo.

Sólo te queda luchar, en solitario, salir de ese agujero y sentirte orgullosa de haber salido una vez más de ahí, casi sin ayuda, por tus propios medios y seguir luchando día a día, porque esta enfermedad es un cáncer que siempre estará ahí porque no saben extirparlo.

Luchar, salir y disfrutar de pequeños momentos, de pequeños detalles, de pequeñas cosas, es lo único que nos queda, porque dentro de un tiempo todo acabará y no serás más que un pequeño recuerdo que se irá diluyendo con el paso del tiempo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

F.C. Barcelona, 2 - Manchester United, 0

Enhorabuena.

(para que luego digan que los madridistas no sabemos reconocer los méritos de los equipos que vienen detrás).


"Ao Longe O Mar"

Porto calmo de abrigo
De um futuro maior
Porventura perdido
No presente temor
Não faz muito sentido
Não esperar o melhor
Vem da névoa saindo
A promessa anterior
Quando avistei ao longe o mar
Ali fiquei
Parado a olhar
Sim, eu canto a vontade
Canto o teu despertar
E abraçando a saudade
Canto o tempo a passar
Quando avistei ao longe o mar
Ali fiquei
Parao a olhar
Quando avistei ao longe o mar
Sem querer deixei-me ali ficar

Madredeus (Voz: Teresa Salgueiro)

(el vídeo se corta en el minuto 2:50, pero merece la pena)

viernes, 22 de mayo de 2009

La camiseta de Zarra

Creció conmigo y siempre estuvo ahí, en los buenos y malos momentos, siempre dispuesta, sin pedir nada a cambio. No le pesaban los años, pero su "piel" mostraba el paso del tiempo. Tanto desgaste le había producido alguna que otra cicatriz, algún que otro roto, pero ni a ella ni a mí parecían importarnos.

Desconozco las horas, los días, los meses, los años que pasamos juntos, pero fueron muchos y siempre estuvimos muy a gusto, nunca hubo problemas. Los primeros tiempos salíamos juntos; los últimos, cuando su aspecto le obligaba a permanecer en casa, también los pasamos juntos, en casa o en el campo.

Pero un día, sin avisar, se marchó para siempre, sin decirme adiós, sin darme la opción de preguntarla "¿por qué?". Notaba su ausencia y no entendía su desaparición, hasta que un día mi Manu me confesó todo: no soportaba su presencia y la echó fuera de casa.

Ha pasado tiempo desde aquel luctuoso suceso, pero el pasado miércoles, mientras veía cómo los cachorros de San Mamés caían ante las huestes de Guardiola, me acordé de ella, de mi camiseta de Coronel Tapiocca.

Quiero recordar que fue mi primera compra en esa tienda, calculo que yo tendría veinti y muy pocos años cuando la compré, azul, con el texto Coronel Tapiocca en el pecho y el perfil del citado aventurero. Lo que viene a ser un básico.

Pues esta camiseta me acompañó muchos años, se fue adaptando a la evolución de mi cuerpo, yo diría que también ella aumentó de talla y en lo últimos años era parte de mis vestuario cómodo "de estar por casa", ya con algunos rotos provocados por tantos lavados.

Hasta que un día la eché en falta y al interrogar a mi Manu, ésta se derrumbó y confesó que la había tirado a la basura sin decirme nada. Reconozco que me llevé un disgusto, porque soy una persona que le gusta guardar cosas, quizá demasiadas, pero que con el paso del tiempo van adquiriendo un valor personal difícil de entender por los demás.

Por eso no comprendo a las personas que no conservan pequeños objetos, pequeñas cosas, que le traigan a la memoria buenos momentos. En el libro de los amarillos de Albert Espinosa cuenta que le gustaría que todos, antes de dejar este mundo, preparásemos una cajita con esas pequeñas cosas que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida. En mi caso, con principio de Síndrome de Diógenes, necesitaría un contenedor verde, otro amarillo y un par de los de reciclaje de papel, por lo menos.

De esta manera, el que abra esa cajita podrá disfrutar de las cosas a las que el finado en algún momento de su vida le dio mucha importancia e incluso sorprenderse al descubrir algún aspecto de esa vida que desconocía. En mi caso, seguramente, estaría mi bolsita de tela verde que me hizo mi madre hace más de treinta años para guardar los bolindres (canicas) con los que jugaba a diario en el colegio, los sábados en casa de mis abuelos y los domingos en el campo, y que todavía conservo junto a los bolindres en uno de los cajones de la mesilla.

Seguramente también hubiera guardado mi camiseta de Coronel Tapiocca, ya convertida, gracias a la moda, en objeto vintage, lo mismo que la cámara de fotos Yashica de doble lente, heredada de mi padre, y más cosas que todavía es pronto para seleccionar.

¿Y por qué me acordé de la camiseta viendo la final de la Copa del Rey?

Pues porque mi madre recordó con bastante pesar el momento en el que, en un arranque de limpieza extrema, no supo apreciarv el valor que para mi padre tenía el conservar la camiseta intercambiada con Telmo Zarraonaindia "Zarra" en sus años de futbolista, y el enorme disgusto que supuso para él la pérdida de tan querido recuerdo.

Ahora pienso que si me hubiera confiado su custodia, esa camiseta de Zarra luciría en un lugar destacado en mi casa, siempre que a mi Manu no le diera un brote de limpieza extrema, claro.


"Lucha de gigantes"

...siento tu fragilidad...

sábado, 9 de mayo de 2009

Las lágrimas de Celia

Para mí, el mejor jugador del mundo. Tenía estos vídeos en favoritos y no encontraba el momento de publicarlos. Después del celebrado gol de Iniesta y el post anterior en el que puse un vídeo de Zidane, recordé que tenía guardado uno con la despedida del Bernabéu a uno de los mejores jugadores que por ahí han pasado.

Muchos lloraron esa tarde, no sólo su familia. Todos los que disfrutamos de la clase del gran Zizou, incluida la pobre Celia que tuvo la oportunidad de preguntarle cuando se marchaba al vestuario.

Ahora que parece que volverá Florentino, el de los Zidanes y Pavones, no sería mala cosa que mirase a la cantera, lo mismo entre tanto pijillo rubio encuentra algún pequeño Zidane, como Enzo.





jueves, 7 de mayo de 2009

Andrés

Ayer ocurrió algo en Badajoz muy difícil de explicar, lo que en su momento hubiéramos llamado un Expediente X. Así ocurrió todo:

Un cuarentón (muy bien conservado, todo sea dicho, y bien parecido) estaba viendo el partido "Chelsi"-Barcelona rodeado de aficionados del Barça. Todo discurría con normalidad, el "Chelsi" ganaba y el equipo catalán estaba eliminado de la Champions.

Ete aquí que cuando faltaban apenas un par de minutos para la finalización del encuentro (las jarras de cerveza ya estaban vacías, lo mismo que el picoteo), apareció en la pantalla un manchego llamado Andrés que a pase de Messi chutó sin pensárselo desde fuera del área y batió al portero checo de la chichonera.

Fue una explosión de júbilo, mi amigo Antonio saltó de la silla y empezó a brincar como poseído en medio del bar, junto al resto de los que allí estaban, excepto un servidor que, haciendo gala de una flema británica que ni el mismo príncipe Charles, permanecí sentado observando la carrera incontrolada por la banda de un eufórico Guardiola.

Hasta ahí todo normal, pues todo el mundo sabe de mi madridismo de nacimiento, pese a que unos Reyes despistados un año me trajesen la "elástica" del Betis, pero ese es otro tema. Decía que era normal, pues antes del partido Antonio me preguntó que qué iba a hacer si marcaba el Barça. "Nada", le contesté. ¿Y si marca el "Chelsi"?, insistió con agudeza y curiosidad. "Nada", le reiteré, "por mí como si se eliminan los dos".

De ahí el fenómeno extraño que ocurrió. Desconozco si fue provocado por el estado del secreto a la plancha que nos "jincamos" o las 3 jarras de cerveza por barba que habían caído (estábamos a 30 grados anoche en Badajoz, de ahí que el cuerpo pidiera el litro y medio de líquido), el caso es que mientras Antonio saltaba de su silla a lo Guardiola, yo empecé a aplaudir mirando la repetición del gol y la celebración de Andrés Iniesta quitándose la camiseta amarilla.

Sí, a aplaudir con estas manitas de uñas comidas, ¡aplaudí un gol del Barça!, ¡del equipo culé!, ¡del eterno rival!. Esta mañana al llegar al trabajo ya tenía 3 mails de estas 3 moscas cojoneras azulgranas que tengo por amigos, y uno de ellos decía "NO ME LO PUEDO CREER".

Pues sí, amigo Pitera, aplaudí, porque aunque no fue el mejor partido del Barça y aunque el "Chelsi" hizo muy bien su partido, hay que reconocer cuando un equipo juega bien y el Barça este año lo está haciendo bien.

Así que, como buen madridista y buen raulista, me alegré de la victoria del Barcelona, pese a lo pesaos que estuvisteis el lunes con el sorprendente 2-6 del sábado pasado.

Lo dicho, veré la final y si marca el Manchester no diré nada y si marca el Barça, pues lo mismo, aunque si el que mete el gol es Iniesta, ¡quien sabe! lo mismo aplaudo como si fuera el propio Raúl, aunque, eso sí, sin levantarme y haciendo alarde de flema.

Ahí dejo el gol del de Albacete y un par de vídeos más para compensar.